Constructivismo
Luego de abandonar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes por juzgarla anticuada y académica, Alfredo Hlito se acerca a los artistas de la revista Arturo, propulsores del lenguaje no-figurativo. Joaquín Torres-García (Montevideo, 1874-1949) participó de la revista y fue una figura protagónica para los jóvenes porteños que querían romper con las tendencias del arte tradicional en los años cuarenta. El Universalismo Constructivo del maestro uruguayo se nutría del aporte de los europeos Piet Mondrian y Wassily Kandinsky, de Georges Vantongerloo y el grupo Cercle et Carré (Círculo y Cuadrado). Sus obras constructivas, con colores primarios, fueron una inspiración para Hlito, quien en una entrevista señaló: “En ese momento [1945] Torres-García representaba en Buenos Aires la única forma de acceder a la pintura abstracta constructivista”.